febrero 17, 2005

ADIOS...

1 Bueno amigos, amigas: adiós.

Este adiós tiene sus matices.

En realidad este adiós es un hasta luego.

Me ha encantado estar por internet escribiendo cosas.

Pero más me ha encantado saber que algunos/as habéis entrado en este blog y las habéis leído.

El colmo ha sido cuando os habéis decidido a escribir también sobre lo escrito.

Gracias mil.

El escribir me ha llevado a leer. Al placer de leer lo que habéis escrito vosotros/as.

Y ahí se ha producido la gran sorpresa. He conocido a través del mío los blogs que hacéis cada día, y os felicito de corazón.

Escribís con brío, con sinceridad, con acierto literario.

Por eso, os seguiré leyendo aunque mi voz se apague por un tiempo.

Sólo por un tiempo.

Apareceré pronto convertido en otro.

Tal vez otro personaje de teatro me preste su nombre, y mi blog aparezca así bautizado.

Ta vez Koltés, Shakespeare o Moliére me presten una máscara,

traspasada todos los días por vuestros ojos escrutadores.

Mi adiós es un hasta luego.

Sabréis muy pronto de mí.

El más fuerte y cálido de mis abrazos.

Hasta luego, Dama del arco, Princesa del Guisante, Zipi y Zape, Jimena, Ararat, Joaquín, Perlanegra, Anuski, Yambra, Jacinto, Pepe penas, La bruja rural, Muralla, Zafia, Iris, Juan re, Sandra, Elena, Ikke, Iván Francisco, Kendra, Mariefe, Betaville, Lucía, Fisgón, Homer, Sole, … antifaces en los que escondéis vuestras almas cómplices, amigos en la oscura brillantez de esta red repleta de soledad acompañada.

Las mejores patitas de esta red de araña eléctrica y hermosa.

No me voy.

Roberto Zucco.

Las voces de mi vida (3). Frank Sinatra.

Sinatra_3 A muchos les parecerá redundante hablar de la voz de Frank Sinatra. Para ellos la voz de Sinatra es, sencillamente, LA VOZ.

Para mí no. O mejor dicho: no ha sido siempre así. Para mí la voz de Sinatra es una voz reciente, porque ha tenido que morirse para que me empezara a gustar.

En vida, la voz del cantante aparecía desdibujada detrás de un personaje del que sólo me llegaban noticias desagradables, o, en el mejor de los casos, intrascendentes. Negocios siniestros, trampas, acciones mafiosas, amistades peligrosas, películas estúpidas, tinglados comerciales de dudoso interés artístico, insolidaridad con sus compañeros de profesión, etc. Era más un tipo sin gracia que grababa discos y que colgaba éxitos de vez en cuando en las listas de venta de todo el mundo, que un cantante maravilloso o un artista indiscutible. Para acabar de redondear un perfil bastante desagradable, también era el padre de una hija que pretendió ser cantante, sin lograrlo a pesar de su ayuda. Siempre me dio pena es chica, Nancy Sinatra, que siempre lo tuvo todo, y que nunca llegó a tener nada.

Pero Frank se ha muerto, y con él se han ido también sus trapacerías –como decimos en mi tierra-, sus indigestas cenitas hasta la madrugada con Julio Iglesias, sus excesos y sus defectos, y han quedado algunas canciones perfectas en el tocadiscos (qué palabra tan antigua ya!): la sensacional "Somewhere In yoy Herat", la reflexiva "Y was a very Good", y sobre todo "Strangers in The Night", rotunda, perfecta, inapelable, con su extraordinaria carga de melancolía. Y detrás de ellas, ahora sí, he podido distinguir una voz poderosa y cálida, inconfundible, de modulaciones portentosas, especialmente fresca para la melodía y la balada. Una voz que se armoniza admirablemente con el saxo y el sexo, el piano y la orquesta de jazz, en un totum capaz de contarnos pequeñas historias de soledad, de noches de amor y lluvia, de pasiones y relaciones que se van perdiendo por el horizonte, como les ocurre a todas las pasiones y todas las relaciones que se precien de serlo.

La música ha aparecido diáfana por detrás del humazo irrespirable de los clubes que siempre frecuentó y por encima de las fechorías de las que se le hace responsable.

Y ahora ya sí me gusta el gran e indiscutible Frank Sinatra.

febrero 16, 2005

Africa como decorado

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Hay un programa televisivo muy popular que emite Antena 3 desde hace varias temporadas. Ahora se llama "Aventura en Africa", pero antes se llamaba "La selva de los famosos". En realidad se debería llamar "Aventuras en la selva de unos cretinos bien pagados". La cosa va de que se juntan algunos señores, famosos la mayoría porque salen en la televisión con cierta frecuencia sin que nadie sepa exactamente porqué, y se pasan unos días en Africa, viviendo sensaciones y haciendo pruebas y juegos como los que hacíamos en el colegio los días del santo fundador de la cosa.

Es uno de esos programas/secuela, nacidos al calor del éxito internacional de "Gran Hermano". Por cierto, he leído no sé dónde (en estos temas "las fuentes" no tienen demasiada importancia), que se acaba de inventar la versión de "Gran Hermano Eterno", o algo así. Es decir, los espectadores envejecerán con los concursantes, a los que verán tener hijos y nietos. Es, sencillamente, aterrador. La tele no proporciona ya solamente diversión, sino también familia, porque en miembros de tal se irán convirtiendo unos personajes televisivos a los que llevaremos viendo treinta años cocinar, discutir y procrear. Paula_2

Bueno, pues la versión africana de "Gran Hermano" consiste en ver cómo les pican los mosquitos a estos tipos, cómo se ponen muy morenos, cómo lo pasan emocionalmente mal al estar separados de sus familiares y seres queridos, (aunque la tristeza está previamente amortiguada por unos suculentos contratos), y cómo se las valen en un día a día hostil y en las pruebas esas a las que antes me refería. Es como un fin de semana largo y emocionante, televisado para todos nosotros.

Para mí la cosa no tendría mayor importancia si esto se desarrollara en Móstoles, en la provincia de Guadalajara o en el Monasterio de Piedra. Sería otro ejemplo de dudoso interés, de los muchos que se emiten en nuestras teles privadas, en ese estilo de programas/convivencia/concurso.

Lo que me parece sencillamente vergonzoso es la utilización del decorado: Africa. Africa como parque temático, como espacio neutro y/o decorativo para la estupidez y la supuesta ausencia de ideología, que es siempre la peor de todas. Un lugar como Disneylandia. Un ámbito en donde no hay problemas, no hay hambrunas, no hay mortandad infantil, ni sida, ni crueles guerras, ni encarnizadas luchas entre tribus, ni explotación sexista. Un paraíso de ensueño, pensado por alguien desde el principio de la creación para que unos gilipollas vivan emociones fuertes y nosotros las veamos cómodamente instalados en el sofá de nuestras confortables casas.

febrero 15, 2005

El incendio del Windsor

Windor2

Apenas unas horas de que las llamas del pavoroso incendio del edificio Windsor, en pleno centro de Madrid, se apagaran, y esa estructura arquitectónica carbonizada apareciera en todo su dramatismo, sin pretenderlo en absoluto ya he tenido la oportunidad de oir y ver tres perlas cultivadas a través de diferentes conductos. Vivimos en un país que presenta como chiste y/o chascarrillo en menos que canta un gallo la peor de las tragedias, o, por el contrario, las convierte en algo de lo que avergonzarse o en algo de lo que enorgullecerse.

La primera de estas perlas la leí distraídamente en un blog similar a éste. Alguien relacionaba la candidatura de Madrid como ciudad olímpica y la ocurrencia de haber hecho un pebetero gigantesco, original y visible a muchos kilómetros de distancia. El amigo o amiga, como arrepentido de su propio comentario, sin que nadie le pidiera muestra alguna de contrición, se excusaba inmediatamente diciendo que "de momento no se habían registrado víctimas". No me cabe la menor duda de que, si se hubieran registrado, el chiste hubiera sido otro, pero también hubiera sido inmediato y chiste.

La otra perla.

Durante el incendio, una emisora de alcance nacional anunciaba en primicia absoluta que el Windsor estaba a punto de derrumbarse. Venía a decir que "estos primeros rascacielos no estaban construidos con los medios actuales". Que eran una caquita, vaya. Pues bien, como todo el mundo ya sabe, el edificio sigue pero que muy derecho, aunque ya está anunciada su demolición.

Por último, la tercera perla en sentido opuesto. Va un arquitecto en un diario regional que no mencionaré y, después de detenerse en tecnicismos varios sobre la descripción estructural interna del edificio, y hablar sobre los diferentes "comportamientos" del hormigón y del acero, dice algo así como que el edificio ha aguantando porque los arquitectos españoles son fantásticos, aunque con menos fama y predicamento que los extranjeros, que son unos divos de la cosa y unos peseteros (o unos "eureros", si trabajan en nuestro continente). Toma ya. Este señor hablaba, lógicamente, de la comparación entre la resistencia de este edificio madrileño y las torres gemelas del Worl Trade Center, que se cayeron al suelo en un pis pas el 11 de Septiembre.

Sin conocer nada de arquitectura, creo que se olvidaba en su análisis apresurado de que en Nueva York dos avionazos, recién salidos de aeropuertos cercanos, y, por tanto, con las reservas de combustible a tope, se estrellaron intencionadamente contra dos edificios de los que eran conocidos sus esqueletos arquitectónicos.

En definitiva, o el chiste lepero, o el complejo de inferioridad de siempre, o el triunfalismo patriótico recurrente. Tres gafas para ver la misma cosa y elevar un discurso extensivo sobre la vida en general.

No sé si estas opciones de ver la realidad son buenas o malas. Son, en cualquier caso, síntomas. Puestos a elegir, me quedo con el chiste, que a pesar de ser un síntoma reduccionista y facilón, a veces hasta puede ayudar a digerir las cosas de la vida.

febrero 14, 2005

Eres mi héroe.

Eres_mi_hroe_1 Acabo de ver en un canal de televisión "Eres mi héroe", de Antonio Cuadri, filmada en 2003. No conocía ninguna otra de este director, ni me había enterado de la existencia de esta película, que me parece honesta y de buena factura. En ella se narra la pequeña historia de la transición de un niño a la adolescencia, en el contexto de otra transición: la de este país hacia la democracia.

A los pocos años de la muerte de Franco se hicieron varias películas emblemáticas sobre el mismo asunto, cuyos títulos será prolijo enumerar. Pero la verdad es que yo no veía ninguna otra desde hacía mucho tiempo. Esta, como digo, no tiene el relieve y la brillantez expositiva de otras. Es sencillamente correcta, está bien interpretada, especialmente por el chaval que la protagoniza, el joven actor Manuel Lozano, y por otros niños de su misma edad. Se sustenta en un buen guión y algunos elementos, como la banda sonora que recoge canciones de aquellos años (Hilario Camacho, Alameda, etc), que funcionan perfectamente.

Mientras la veía, inevitablemente me veía.

Mientras la veía pensaba lo lejano que todo aquello queda. La distancia que hay entre nuestra vida actual, cuando faltan tan pocos días para decidir si votamos o no la constitución europea, y aquella otra en la que no existían las libertades que ahora parecen instaladas desde siempre y Europa era, sobre todo, una frontera política, física y psicológica infranqueable. Qué espejismo de la memoria. Qué suerte de amnesia histórica la de olvidar el pasado reciente.

Mientras la veía pensaba lo cercano que, sin embargo, está todo aquello. La ausencia de libertades era una brutal realidad. Los últimos fusilamientos de Franco, las manifestaciones universitarias, las huelgas obreras, la patética concentración última en la Plaza de Oriente, los partes de aquel equipo médico habitual, la muerte del dictador en unas condiciones precarias que mucho más tarde conoceríamos… Basta visualizar otra vez aquella versión un poco de diseño de la hoz y el martillo para acordarnos de la legalización del PCE, la llegada de Carrillo y aquella rueda de prensa en donde el viejo líder comunista aparecía delante de la bandera bicolor. Basta escuchar unos momentos la voz de Suárez para que todos los mecanismos interiores se activen, a semejanza de lo que le ocurría al famoso perro de Pavlov.

Lo que más me preocupa es que si hasta los que vivimos en butaca preferente todo aquel cúmulo de sensaciones irrepetibles, personales y colectivas, tenemos cierta tendencia a olvidarlas, qué será de la gente más joven que ni siquiera estuvo allí.

Y creo firmemente en la necesidad de que nadie, ni los que no habían nacido todavía, desconozcan que hace muy poco tiempo España era una feroz dictadura, un yermo que vivía de espaldas a los demás, solitario y triste, en donde se perseguía de un modo sistemático la expresión libre de los sentimientos y de las ideas.

Hay que recordarlo de vez en cuando, sobre todo para valorar mejor lo que ahora tenemos, aunque sea a la luz también de la lúcida conciencia de nuestras carencias.

febrero 13, 2005

El sucesor ya conspira.

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A lo largo de mi vida he asistido con mayor o menor conciencia a la muerte de varios Papas. Es toda una experiencia que, por su alto valor educativo, recomiendo vivir atentamente a las jóvenes generaciones. Al lado de ella, todos los "realitys shows" que imaginarse puedan se quedan muy pero que muy pequeños.

Cuando estuve en San Pedro del Vaticano en Julio de 1995 contemplé entre horrorizado y estupefacto los cuadros que se exponen en una de sus alas, y que son los retratos de los pontífices fallecidos. En concreto, el retrato de Pío XII me retrotrajo a mis fantasmas y pesadillas infantiles.

Ya había entonces sitio preparado para cuando el actual Papa dejara de serlo, a pesar de que entonces todavía estaba en buenas condiciones físicas y mentales, dentro de lo que cabe. Supongo que estos días, en donde todos asistimos a través de los medios al espectáculo de la decrepitud y la descomposición en vida de un ser humano, que a todos nos debe conmover con independencia de nuestras creencias, los preparativos para poner el siguiente cuadro serán discretos, pero intensos. Alguien ya habrá elegido la escarpia, la pared habrá sido dispuesta de manera conveniente, y el cuadro habrá sido examinado e incluso retocado por su creador, o por algún artista de guardia de total confianza. Me imagino que de estas maniobras se debe encargar personalmente Joaquín Navarro Valls, nuestro compatriota, que suele servir de portavoz de la Santa Sede.

Cardenales Ajeno a todo este trasiego, el pobre Papa polaco y viajero bastante tiene con atragantarse cruelmente y observar el vuelo de algunas palomas que regresan tozudamente a su ventana en vez de irse, delante de miles de fieles, de indiferentes y hasta de enemigos de todo el mundo; ir de su casa al hospital y del hospital a casa, en ese monstruoso carricoche conocido como "Papamóvil" y que él, tal vez de manera involuntaria, ha puesto tan de moda. Juan Pablo II será más recordado, seguro que a su pesar, por la manera de desplazarse por la tierra que por el cielo, es decir, por sus encíclicas y aportaciones piadosas.

Lo que se avecina tiene su interés antropológico, espectacular, político, sociológico, mediático, sobre todo si nos atenemos a las últimas veces que un Papa ha muerto. Si hay algo más parecido a los históricos enredos y depuraciones de la mafia debe ser ver a los cardenales reunidos nombrando al sucesor de San Pedro. Eso de la fumata es sublime, una de las últimas fiestas verdaderamente ancestrales conservadas tal cual a lo largo de los tiempos.

Lo que yo daría por disfrazarme de Cardenal y ver de cerca el espectáculo de la ambición humana, de los intereses más mezquinos y secretos, de la lucha pura y dura por el poder material, disfrazado, a su vez, de religiosa espiritualidad y de total ausencia de intenciones perversas.

Aunque, si yo fuera candidato al cargo, estaría a la vez inquieto y expectante. Expectante y activo, naturalmente. Haciendo campaña, vaya. Hablando, por ejemplo, con cardenales africanos y tercermundistas, prometiéndoles cosas, escuchando sus requiebros, lamentos y peticiones.

Pero también inquieto, mirando recelosamente a derecha e izquierda, escuchando temeroso el rumor de pasos a mis espaldas, en un decorado de paredes marmóreas y lienzos del renacimiento. Porque el riesgo de ser envenenado estos días no es ninguna paranoia sin fundamento.

Atención, señoras y señores. En poco tiempo vamos a asistir a un momento de cruda competencia humana presentada como liturgia de la fe y del amor. ¿Puede imaginarse mayor impostura?.

febrero 12, 2005

Arthur Miller ha muerto.

Acabo de enterarme de la muerte en Connecticut de Arthur Miller (Nueva York, 1915), que fue, junto a Tenesse Williams y Eugene O´Neill, el mejor dramaturgo norteamericano.  Miller mantuvo siempre una posición crítica en su propio país que le creó innumerables problemas, especialmente en la etapa oscura del macarthismo. Fue interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas en 1956, acusado de comunista y condenado finalmente por desacato, aunque posteriormente sería absuelto.

Pero no hay que remontarse tan lejos. Durante los últimos años, los escenarios importantes Estados Unidos, o le dieron la espalda, o él se la dio a ellos. Con este olvido voluntario y culpable, Broadway se manifestó como un lugar exclusivo para los negocios, una gigantesca empresa del espectáculo en donde las voces realmente críticas casi nunca han tenido espacio de expresión. Por eso, sus últimas obras pasaron prácticamente desapercibidas, siendo estrenadas, en el mejor de los casos, en circuitos alternativos, en Universidades y por compañías independientes, con algunas excepciones. Esta anomalía constituye toda una denuncia sobre las peculiaridades existentes en el seno de la sociedad del país más rico e influyente de la tierra.

De Miller nos quedarán para siempre algunos títulos emblemáticos: Todos eran mis hijos (1945), Muerte de un viajante (1949), Las brujas de Salem (1953), Panorama desde el puente (1955), Después de la caída (1963) Incidente en Vichy (1964), El precio (1968) o El arzobispo (1977) y otras, que, además de describir minuciosamente una sociedad norteamericana repleta de injustas paradojas, establecían las bases de una nueva forma de “tragedia contemporánea”, escrita teniendo en cuenta algunos postulados del propio Brecht.

Miller nos presenta en ese teatro extremadamente bien construido, personajes extraídos de la realidad social de su país (inmigrantes, trabajadores, hombres de negocios con pasados turbios, víctimas de las circunstancias, etc) que finalmente representan el lado oscuro del llamado sueño americano, edificado a partir también de la inmoralidad, la explotación y la ignominia. Personajes estilizados finalmente hacia una forma de realismo reconocible, con un marcado carácter de revelación y de denuncia social y política.

En España hemos visto recientemente una versión de “Panorama desde el puente”, con puesta en escena de Miguel Narros, que consiguió varios Premios Max de las Artes Escénicas, y otra de “La muerte de un viajante”, a cargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente en el Centro Dramático Nacional. Hace bastantes años aquel mítico programa televisivo “Estudio 1” emitió una versión de esta última obra que muchos recordarán todavía con cariño.

Arthur Miller contrajo matrimonio en 1956 con la actriz Marilyn Monroe con la que vivió hasta 1961. Además de escribir para el teatro, es autor de varias novelas y relatos. Recibió el Premio Pulitzer en 1949, El Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York, y en nuestro país el Principe de Asturias en 2002.

Hoy el teatro está de luto. Pero también debemos estarlo todos  los ciudadanos que, como él, luchamos todavía en todo el mundo por las libertades políticas e individuales y, en concreto, por la libertad de expresión de las ideas.

febrero 11, 2005

Secuestro y tortura en el Congreso.

Tejero_3 Cuando el guardia civil Antonio Tejero Molina decidió asaltar el Congreso de los Diputados el 23 de Febrero de 1981 provocó en la mayoría de los ciudadanos una inmensa conmoción. Lo que más recuerdo de esa tarde fue la madrugada del 24. Una noche en la que, en una sala del Congreso, separados del resto de los Diputados, estuvieron juntos Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Santiago Carrillo y Felipe González. Que a estas alturas nadie haya escrito una obra teatral o una novela sobre ese peculiar "huis clos" me parece de juzgado de guardia.

Porque imagínense lo que podría dar de sí una obra que nos contara las conversaciones, las inquietudes, las debilidades compartidas, de los cuatro líderes políticos de ese momento, por encima de sus diferencias.

Alguna vez he pensado que esa es una de las razones por las que yo no me dedicaré jamás a la política. No tanto porque me secuestren, que ya es una faena, sino porque me hagan pasar una noche entera con otros políticos de otros partidos. Una cosa es el secuestro y otra peor, la tortura.

Imagínense lo que sería pasar una noche con Acebes, con la mala leche que se le ha ido poniendo. ¿Qué le cuento? ¿De qué le hablo? ¿Le sigo el rollo para que pare de hablar sobre el 11-12-13M?. O con Zaplana, cuyo aspecto ya empieza a ser intimidatorio. Y qué me dicen del mortal aburrimiento que sería compartir cuarto con Llamazares, explicándome cuatrocientas veces, circunspecto y trascendente, que no hay contradicción en Izquierda Unida, por mucho que vote una cosa en el País Vasco y otra en Madrid… O a Ibarretexe, hasta las cinco de la mañana con la mano tendida, hablándome de las ciudadanas y los ciudadanos vascos… O con Fraga roncando… ¿Y si le da un telele de esos, a quién llamo? ¿A los secuestradores o a su novia? ¿Y si se despierta y me cuenta otra vez lo de la bomba de Palomares? O con Maragall, que también debe roncar lo suyo. O con Carod Rovira, a quien no puedo imaginarme contando un simple chiste para pasar el rato…

La verdad es que en una tesitura extrema como ésta preferiría que me encerraran con alguien intrínsecamente perverso, como Arnaldo Otegui, para explorar los límites de la maldad humana sin tener que ver "Crónicas marcianas", o con Labordeta, que por lo menos contaría cosas divertidas, como viajes y tal, y diría unos cuantos tacos, que siempre relajan bastante.

febrero 10, 2005

Restaurantes definitivos (1). ESTER

Hotel_4_1 Quedo con una persona en el Hotel Arts, de Barcelona. Se llama Ester y no nos conocemos personalmente. Sólo es una voz al teléfono que días antes me llamó desde Alemania por razones de trabajo. Está acompañada por Joaquín, un hombre de acción, como diría Pío Baroja, alemán de nacimiento pero de origen español, que me recuerda físicamente a otro amigo, también hombre de acción, mi querido Erik, curiosamente holandés, pero afincado para siempre en Sevilla. Oigo perfectamente al entrar en el bar del hotel que ella le susurra refiriéndose a mí: "¿Será éste, Roberto Zucco…?".

-"Si, soy Roberto. Mucho gusto, Ester. Encantado, Joaquín".

(Hagamos una elipse en el tiempo).

Dos horas más tarde, Ester y yo estamos mirando el horizonte mientras tomamos café. Estamos en silencio y esperamos la cuenta. Joaquín cogió apresuradamente el avión que le estará dejando en este momento en el aeropuerto Tegel, de Berlín, de donde había llegado esta misma mañana.

Hemos hablado mucho mientras comíamos. Un exquisito bogavante con arroz, que ella sugirió sabiamente al principio, un vino blanco delicioso, pero, sobre todo, la conversación sosegada, sincera, profunda, sin subterfugios de primer día, ni innecesarios recovecos intelectuales, han obrado en muy poco tiempo el pequeño milagro de la naciente amistad, de la familiaridad sin formalismos absurdos. Seguramente esto está ocurriendo ahora mismo en muchos lugares del mundo, incluso de esta misma ciudad que nos sonríe ahora con el más benigno y hospitalario de sus climas, y no merece, por tanto, la consideración de noticia relevante.

Al poco, la dejo en su hotel y continúo hacia el mío en un taxi que sube hacia la parte alta de la ciudad. Todo acordado, todo claro. Un placer. El teléfono, las cartas, el correo electrónico, sus visitas esporádicas a mi ciudad, que fue la de su compañero, y algún viaje a Alemania por mi parte, prolongarán esta comida y esta nueva relación.

A mí todo esto, en su pequeñez, en su insignificancia, me parece un milagro. El pequeño/gran milagro de las relaciones humanas, planteadas desde la racionalidad, desde el buen rollo, limpiamente.

Pero bueno, Paul Auster ha escrito de estas cosas mucho mejor que yo.

febrero 09, 2005

Tatuajes.

Crazypiercing Me aterran los tatuajes. En realidad lo que me aterran son las ataduras. Soy de los que está deseando quedar con ese amigo al que no he visto desde hace tanto tiempo y, cuando llega el día de la cita, prefiero que me llame para decirme que se ha puesto malo de las amígdalas y que mejor en otro momento…

Imagínense: si eso es lo que pienso de una cita inofensiva, el temor que me puede producir el nivel de compromiso a que te somete indefectiblemente un simple tatuaje. Poner "Mary Carmen" en la tripa, o "Viva Luisita" en un brazo, o hacerte un dibujo de lirios y amapolas en la pierna izquierda, y años más tarde ni siquiera recordar quién era esa puñetera Mary Carmen, haber olvidado las facciones que tanto te cautivaron de la otrora bella Luisita (a estas alturas casada en Segovia y madre de cuatro hijos), u odiar a muerte los lirios y las amapolas… Espantoso.

En esa misma proporción me gustan los disfraces. Porque son de usar y tirar, porque son instrumentos perfectos para observar desde una cierta "otredad", protegidos de las miradas de los demás, pero a sabiendas de que, una vez terminada la ceremonia de la observación, el disfraz volverá al armario y será sustituido por otro, aunque sea el "disfraz de persona sin disfraz" que procuro ponerme todos los días por la mañana.

Yo no entiendo ese acto irresponsable de grabarse en el cuerpo para siempre (qué horror, "para siempre…") un elefante, un cocodrilo, una coliflor, algo... Ese algo se hace dueño de ti desde ese momento y para el resto de tu vida, y no al revés. Un tatuaje es como una condena a perpetuidad.

Tú eres el tatuaje del tatuaje. El estará siempre en primer plano, y tú no serás nada más que el lienzo que utiliza él para exhibirse impúdicamente y ningunearte a ti de mala manera.

¡No a los tatuajes! ¡Mueran los piercings! ¡Abajo los compromisos eternos!

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LIBROS

  • Fréderic Beigbeder: Windows on the World
    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
  • Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

    Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista
    (Alfaguara) Un libro magnífico, en la línea narrativa de anteriores novelas de Atxaga. La guerra civil, tan real ella, y los paisajes de Obaba, tan líricos y estlizados, vistos desde California en un relato atrapador, hecho de retazos que terminan uniéndose en un puzzle perfecto. Este novelista ha conseguido lo más difícil: una escritura vigorosa, reconocible y propia.

  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
  • Paul Auster: La noche del oráculo
    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
  • James Gavin: Deep in a Dream. La larga noche de Chet Baker
    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
  • Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco

    Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco
    (El Público) Parece lógico que este sea el primero de los libros reseñados puesto que su personaje protagonista le da nombre y me lo presta a mí para titular este blog. R.Z. es una obra teatral escrita por el francés Bernard Marie Koltés, muerto hace años víctima del SIDA. Es finalmente la historia de un personaje extraño y complejo, capaz de asesinar a su propia madre y de hablar como un personaje de la Ilustración. Ese es precisamente el estilo del autor: capaz de describir un ambiente de cloaca con la más sutil de las poesías. Se trata de una suerte de tragedia rabiosamente contemporánea, llevada al teatro por Peter Stein, y en España por Lluis Pasqual, entre otros. (Hay una versión cinematográfica de Cédrik Kahn, realizada en 2001, perfectamente prescindible). Para mí es la mejor obra de Koltés, a pesar de que "La soledad de los campos de algodón" y "Muelle Oeste" también representaron importantes hitos en la escena de los últimos años del pasado siglo. Koltés está enterrado en una tumba del Cementerio de Montmartre, en París. Me la encontré por casualidad una mañana fría y húmeda. Sentí una gran emoción.

Discos

Libros de teatro

  • Janet Malcolm: LEYENDO A CHEJOV
    Janet Malcolm conoce hasta las esquinas más recónditas de la obra de Chejov. Y con ese bagaje realiza un viaje a Rusia en donde va reconociendo los paisajes y los ambientes que inspiraron al autor de "Las tres hermanas" a escribir sus relatos y sus obras teatrales. Por medio se nos cuenta también las peripecias y vicisitudes de un país hermoso y la manera de ser de sus habitantes. "Leyendo a Chejov" (Alba Editorial) es, pues, un libro de aventuras, pero, al mismo tiempo un riguroso y ameno recorrido por los escritos de uno de los principales hombres de teatro del siglo XX, y, por tanto, una excelente herramienta para conocerlo.

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